
Pedimento siempre refulgente,
ocaso que no fallece y se pierde en la distención.
Hice caso omiso a tu ardid,
oh hécate infame
tus diatribas,
las piruetas calculadas.
el escondrijo preciso
fachada prolija.
En los círculos del vacío pereces,
allí agazapado tras el sarcasmo insulso,
das rienda suelta a tus pasiones imprecisas.
